El quebrantahuesos y los “chitos” tiernos


Área de Recurso Humanos

Nota previa: Para aquellos lectores poco familiarizados con la “fabla” aragonesa, quiero advertir que la expresión “chito”, en mi querida tierra, se refiere a esos botones o yemas vegetales con los que toda la flora anuncia la llegada de la primavera, una vez que han desaparecido las heladas invernales.
De nada me ha servido la incursión que he realizado al diccionario de la Real Academia de la Lengua Española; está visto que la expresión “chito” sólo la empleamos los aragoneses y tal vez nuestros amables vecinos navarros, los de la ribera del río Ebro.

No, no se asuste el lector al leer este título, y mucho menos si se trata de un biólogo (u
ornitólogo) profesional. Con este enunciado no estoy incitando a mis queridas aves carroñeras a que se conviertan en vegetarianas. Aunque cosas más difíciles hemos visto (y posiblemente veamos) a lo largo de la evolución de las especies; Darwing “dixit”. Sólo pretendo establecer un cierto paralelismo entre el círculo de la vida de la sabana africana y los ciclos económicos que, por desgracia, parece que siempre acaban en crisis. Tampoco quisiera provocar ninguna reacción de molestia, por parte de ninguno de los posibles lectores, ya que el paralelismo entre el círculo de la vida y la estructura empresarial actual, sólo me ha servido para llegar a la conclusión final.

El círculo de la vida, tan bien cantado por Sir Elton John en la banda sonora de la película “El rey león”, comienza con los grandes paquidermos herbívoros y acaba con el quebrantahuesos, ave carroñera que se alimenta, casi exclusivamente, de los tuétanos y médulas de los huesos que antes han despreciado, casi “olímpicamente”, sus familiares más cercanos, los buitres.

Pues bien, en el desarrollo del ciclo económico podríamos equiparar a las grandes empresas multinacionales, o internacionales, con los grandes elefantes, jirafas, búfalos, hipopótamos, etc. Se trata de grandes corporaciones, con sedes centrales (“headquarters”, dicen los “finos”) en las grandes capitales del mundo, aunque también se da el caso de algunas multinacionales
apellidadas: “de provincias”. Son los grandes consumidores de materias primas y de energía, para producir la mayor parte de los bienes y productos de consumo, o de primera necesidad, o servicios, que consumimos los mortales.

Inmediatamente después vienen las compañías (también multinacionales) que se encargan de suministrar componentes a las primeras y que están supeditadas a la capacidad negociadora de sus principales clientes. Estas segundas podrían equipararse a las grandes manadas de cebras y de ñús.
En tercer lugar aparecen las empresas locales, de cierto volumen, que se nutren de los pedidos producidos por las grandes subcontratas. Se podría decir que se trata de “sucursales” de las primeras y, sobre todo, de las segundas.

Siguiendo la escala descendente del círculo de la vida, desde el punto de vista empresarial, nos encontramos con las llamadas “Pymes”, empresas de difícil definición, tanto por su tamaño, por su plantilla, como por su cifra de negocios pero que, en el caso español, tienen una gran importancia por el nivel de empleo que fomentan, aunque con una fragilidad comparable a las gacelas“Thomson”; alimento preferido de los grandes felinos. Luego aparecen los que se alimentan de los restos que dejan dichos felinos. Sin ánimo de molestar (me parecen los auténticos “emprendedores”), los podríamos comparar con los autónomos, aquellos profesionales que se dedican a realizar el trabajo que, a las grandes corporaciones (y, en general, a las “Pymes”) no les dan el nivel de “valor añadido” que esperan de su aportación al trabajo.
En penúltimo lugar aparecen esas maravillosas aves que, sin tener la majestuosidad de las águilas y los cóndores, saben aprovechar las corrientes térmicas para elevarse a grandes alturas y desplazarse miles de kilómetros con muy poco esfuerzo para encontrar el alimento que no ha querido ninguno de sus predecesores en la “cadena de valor”. Me estoy refiriendo a los buitres, en cualquiera de sus especialices, negros, blancos, leonados... En la misma línea de mantener la metáfora y sin ánimo de molestar, los podríamos equiparar a los autónomos. Se encargan de hacer esos últimos trabajos que nadie quiere o puede hacer.

Pero por lo menos, pueden mantener una relación de clientela con sus proveedores de actividad. Y, en último lugar nos encontramos con los llamados consultores independientes (“free lance”), es decir, con esos profesionales que colaboran, fundamentalmente con “Pymes” y autónomos (a veces con grandes empresas e instituciones) para cubrir esos “picos” de trabajo que se producen en el momento de una sobrecarga coyuntural de pedidos o cuando se requiere una opinión externa e imparcial, pero que, cuando desaparece dicha sobrecarga, no les queda ni los tuétanos que obtiene el quebrantahuesos cuando, como el propio nombre indica, quebranta los huesos que han desechado los buitres con anterioridad.

Estas aves (de mi querido Pirineo) están en crisis de extinción debido en buena parte a la falta de huesos con los que poder alimentarse. En algunos artículos científicos ya se empieza a leer la teoría de que algunos de los buitres están empezando a comer animales vivos. Si esta crisis alimenticia regresiva, progresara, nos podríamos encontrar (en un futuro, espero que muy lejano) con que los temidos leones se volvieran vegetarianos. Todo esto me ha servido como introducción a mi breve conclusión final sobre los indicios de los finales de las crisis. No se trata de ver “chitos” tiernos como señal de que se acerca el final del período de recesión, “stagflación”,o cómo se la quiera llamar. El día en que los quebrantahuesos vuelvan a encontrar abundantes huesos de los que extraer sus tuétanos podremos decir que estamos ante un síntoma inequívoco de que la crisis económica comienza a remitir.

A los botones, o yemas tiernas de los vegetales, hay que dejarlos crecer y desarrollarse con tranquilidad, dándoles tiempo para que, una vez convertidos en buena masa vegetal, los grandes paquidermos tengan su propia fuente de alimentación y que, de ese modo, la cadena trófica pueda seguir marcando el rumbo de nuestras actividades y, sobre todo, del círculo de la vida.

José Vera Brusca
Ex-Director de Recurso Humanos de Asea Brown Boveri, S.A