¿A ti que es lo que te mueve?

Por Enrique Serrano, publicado el día 08/05/2007
Artículo del Área de Empresa

Por casualidad caí el otro día en el Palacio de Verano de Catalina la Grande (Tsarskoe Selo) en Pushkin, a las afueras de San Petesburgo.

Cuando creía haberlo visto todo y ya me iba, de repente veo por una sucia ventana de un edificio aledaño una cara alegre que me hace un gesto de atención. No muestro mucho interés pero ante la insistencia siento la curiosidad de averiguar que es lo que quiere. Descubro la entrada, subo dos plantas y de repente me encuentro con una señora de casi 65 años, de obesidad considerable, pero con cara de angelote de Rubens.Ania, sonriente, me recibe y me cuenta que esta estancia que ella cuida resulta ser la preferida de Catalina en sus últimos días y que no suele ser un lugar muy visitado por los turistas dado que por su estado, aun sin restaurar, no reúne aún condiciones para ser mostrado, sin embargo, es el lugar más auténtico de todo el complejo por su originalidad y privacidad.

De repente, comienza a mostrarme el salón principal, así como estancias privadas que no están abiertas al publico y poco a poco empiezo a enmudecer por la belleza y estado original de conservación de muchos de los enseres ... En una de las habitaciones había un conjunto de tazas de te con un diseño espectacular, o ropa de gala que parecía casi recién usada por Catalina. Mientras tanto, Ania, con cierta torpeza de movimientos por su envergadura, poco a poco va emocionándose y me va contando aspectos de la vida cotidiana de Catalina como si ella hubiese sido su ama de llaves preferida. De pronto corre una cortina y aparece un retrato espectacular de la zarina; o abre un armario y me muestra un tapiz con un colorido deslumbrante. Conforme Ania va tomando energía me empieza a ser difícil seguirla... Cuando quiero acordarme ya esta en el otro ala de la estancia y me esta enseñando algunos objetos privados, preferiblemente innombrables, que la propia Catalina gustaba usar en diversos menesteres.

Después de dos horas absolutamente perplejo y a la par que exhausto por la cantidad de información acabo de recibir, me despido de Ania y en agradecimiento le doy una propina por su atención. Con un gesto extraño me la devuelve y me dice que lleva 35 años como conserje y que no es un guía turístico; y que su actuación conmigo constituye la parte más satisfactoria de su trabajo, aunque solo la paguen unos pocos rublos por cuidar del edificio.

¿Como es posible dar un valor añadido de este calibre y no querer recibir nada a cambio? ¿Qué tipo de energía es la que la lleva a realizar un trabajo extra? ¿Qué es lo que en realidad mueve a Ania?

Probablemente su motivación estriba en tratar de darle un sentido a su trabajo, saliendo de su rutina diaria y siendo útil. Tal es su entusiasmo que parecería que ella es Catalina y se siente orgullosa de enseñarte su casa y contarte su vida. Por tanto, aún cuando pudiera estar interpretando un papel, lo que está claro es que esta es su elección y con ella también obtiene mayores grados de libertad que optando por estar sentada en una silla 8 horas diarias viendo como pasa la gente, como pasa la vida... Esta elección por tanto le permite pasar a ser sujeto activo, entrar en escena, y formar parte de la historia y disponer del poder suficiente como para incluso hacerla cambiar: supuestamente todo lo que me comento es cierto, ¿o no? Lo importante es como ella se siente, así como la sugestión lograda para que desde fuera se vea que lo que hace es absolutamente excepcional. Y realmente puedo afirmar que lo es.

Y no lo hace por dinero, a pesar de recibir un mísero salario como empleada pública rusa, lo hace por que se siente feliz, porque se siente bien consigo misma, porque tiene un deseo irrefrenable de compartir con otros su valiosa información, su conocimiento, sus experiencias, su vida en ese edificio. Quizá a ella ya no le sirva demasiado atesorar todo ese conocimiento, pero con toda seguridad provocará perplejidad en otros y eso ella lo sabe; de ahí su inteligencia: es lo que la mantiene “viva”.

Es tanto lo que ella recibe que no necesita más: simplemente es feliz con su trabajo y eso le alegra el día. Podría decirse que es más que suficiente. ¿O acaso envidiable?

Por cierto, y a ti, ¿que es lo que te mueve en tu trabajo?

Enrique Serrano
Director del Area de Management Solutions de Unisys

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